Literatura y Ficción

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Escribir ficción no es tan difícil como parece, siempre que se sigan estas ocho sencillas reglas:

Muestra, no cuentes. ¿Recuerdas el "enseña y cuenta" de la escuela primaria, cuando traías un objeto de casa y hablabas de él? Quiero que recuerdes esa experiencia y las lecciones sobre la narración de historias que te enseñó. Entonces inventa una máquina del tiempo, viaja a la escuela primaria y consigue un trabajo como profesor de segundo grado, y asegúrate de ponerte como estudiante en tu clase, y en la máquina del tiempo trae un iPhone, y dáselo a tu yo de segundo grado. Todos los niños se quedarán boquiabiertos, aunque no tendrá recepción telefónica porque aún no se han construido torres de telefonía móvil. El más joven desarrollará una mayor autoestima gracias a su nueva popularidad, y pasará a llevar una vida adulta más rica, y tendrá más material sobre el que escribir.

Crea personajes tridimensionales. Digamos que estás escribiendo sobre un banquero de gran capacidad que tiene una aventura extramatrimonial. Es un buen comienzo, pero para no convertirlo en un cliché, tienes que llenarlo de tres dimensiones. En cada párrafo, dile al lector exactamente lo alto, lo ancho y lo largo que es. Por ejemplo: "Benjamin Waller, un banquero de gran fuerza que medía 1,80 metros, con una cintura de talla treinta y dos y un contorno de pecho de cuarenta pulgadas, tenía una relación extramatrimonial". Menciona también que conduce un llamativo coche deportivo.

Elige un punto de vista. Decide qué punto de vista tiene más sentido para tu historia: primera persona; segunda persona; tercera persona, ya sea limitada o la perspectiva omnisciente, como la de un dios; la perspectiva menos omnisciente pero aún potente de Freyr, el dios nórdico del clima y la fertilidad; "Larry", el guardia de cruce de tu escuela primaria que siempre hacía la misma broma sobre tu suspenso al cruzar la calle, excepto aquella vez que vio un iPhone anacrónico y se confundió; la cámara que he instalado a escondidas en tu dormitorio. El mejor es Larry, seguido de Freyr.

Dale motivaciones a tus personajes. Si te cuesta dar cuerpo a tus personajes, pregúntate continuamente en cada escena: "¿Qué quiere este personaje?". Di esto en voz alta lo suficiente, y pronto alguien cercano te preguntará por qué sigues repitiendo eso. No respondas, simplemente sigue preguntándote en voz alta: "¿Qué quiere este personaje?". Al final te internarán en un manicomio. Los manicomios son lugares estupendos para pensar sin las distracciones del mundo moderno. Seguro que en poco tiempo descubrirás a ese molesto protagonista.